Cuando llegó el recibo a casa, hubo bronca. Normal. 90.000 pesetas. Ese fue mi gasto de teléfono de noviembre de 1995. Las conexiones a la red eran llamadas y se hacían con “modem”, aquella cajita que hacía ruiditos y se llevaba un buen pellizco del presupuesto familiar. Mi ordenador gigante de pantalla de tubo tenía…

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